jueves, 29 de mayo de 2008

La espera

Érase una vez un niño que una tarde caminaba por la playa. Al cabo de un rato se sentó en la orilla y allí se quedó, contemplando el mar. Al llegar la noche y con ella el frío, el niño se levantó y se fué. Desde aquel día volvió a repetir la misma acción: cada tarde se sentaba contemplando el mar hasta el anochecer.

Pasaron los años y el niño se convirtió en un hombre, y aún seguía sentándose en la orilla cada tarde, para contemplar el mar hasta la noche. Había gente que, tras verle durante años en el mismo sitio sin hacer nada más que mirar el mar, se preguntaba que es lo que miraría. ¿Qué motivo, salvo la locura, había para que un niño se hubiese convertido en hombre contemplando el mar sin más?

Pero él no estaba loco, ni miraba nada en concreto. Simplemente esperaba. Esperaba a que llegase algo, a que la marea le trajera sus sueños de vuelta. De esa forma pasaron los años, sin más ambición ni objetivo que el que volver allí al día siguiente. Y de ese modo el hombre se convirtió en anciano, y siguió contemplando el mar como cada día desde que lo hiciera aquella tarde, ya tan lejana en su memoria.

Un día, el anciano que fué niño, al llegar a la playa, no se sentó en la orilla. Se quedó de pie un instante, pensativo, contemplando el mar. Suavemente se quitó la ropa, quedándo desnudo tal como llegó al mundo, siendo un niño que nada sabía, algo que en el fondo no había cambiado desde entonces. Lentamente se acercó al agua y fué introduciéndose en el mar. De los pies a la cabeza fué sumergiéndose su cuerpo, hasta que no quedó rastro de él.

Érase una vez un reino muy lejano, en el que sus habitantes vivían en una espera que no tenía fin. Aquellas gentes esperaban porque tenían la esperanza de que sus vidas cambiasen, de que al final todo terminase bien y fuesen felices, tal como ocurre en los cuentos. Pero la vida no es ninguna fábula dictada por un narrador, y la única forma de cambiar algo es sumergirse en la historia que contemplamos y fundirnos en ella.

La única forma de cambiar el cuento es formar parte de él.

domingo, 18 de mayo de 2008

Yo también soy un devoto del hombre, Mr. Pacino



Una pequeña demostración de la diferencia entre un actor de verdad y un modelo-actor, uno de los grandes cánceres del cine actual.

¿Hace falta explicar quién es quién?

jueves, 1 de mayo de 2008

A por 20 más

Hoy he dejado ya los "diecialgo", y he entrado en la veintena(además haciendo aquello con lo que más disfruto, grabando con mi actríz fetiche).

Dadas las circuntancias, me permitiré una pequeña mirada al pasado, que no una muestra de nostalgia.



Y para cerrar, una declaración de principios.



Y ahora...!A por 20 más¡